15
Ago

Lucía

Años después

Me despierto con un rayo de sol entrando por un resquicio de la ventana, me duele todo el cuerpo, me levanto, como de costumbre subo hasta el desván, intento hacer poco ruido para no despertar a Lorena, una niña de apenas diez años que recogí hace un par de meses, miro por las pequeñas ventanas como están los alrededores, siguen solitarios, aún no nos han localizado esas cosas así que bajo al jardín a hacer mis necesidades, hace mucho tiempo que se cortó el agua y no se pueden utilizar los baños, tampoco se puede desperdiciar el agua embotellada que nos queda sino es para beber, es el bien mas preciado en estos días, tenemos el rio al lado, pero bajan muchos cadáveres muertos y no muertos por él, un gran depósito en el tejado recoge el agua de la lluvia y es de las pocas veces que aprovecho para mantener unas mínimas condiciones de higiene personal y para reservar las botellas, pero ahora está vacío, hace mucho que no llueve y el agua es cada vez más difícil de encontrar, al igual que la comida, aunque aún hay muchos lugares con gran cantidad de estos productos es imposible acercarse, o esta en sitios rodeados de zombies o para llegar a ellos tienes que atravesar un montón de zombies, sea como sea, el resultado es el mismo, imposible acceder.

Aunque la la luz no funciona ya que fue de los primeros servicios que se prescindieron cuando la gente empezó a convertirse y no era posible ir a trabajar en nuestra vivienda actual disponemos de paneles solares, se ve que era un chalets donde ir en verano o los fines de semana y lo tenían preparado bastante bien, incluido una gran bodegas con latas de conserva, pero la luz es un remedio temporal, no tengo ni idea de como se mantienen, así que solo es cuestión de tiempo que se estropeen y no voy a poder arreglarlo, no encontré ningún manual ni instrucciones en toda la casa, supongo que lo habrán tirado, de todas formas, no solemos poner mucho la luz, solamente en la bodega, donde no hay ventanas que dan al exterior, no nos podemos arriesgar un resquicio y nos localizarían enseguida.

Miro en la cocina y hago recuento de la comida, tenemos para una semana con suerte, no me gusta tener que abandonar la seguridad de este chalet en la urbanización El Montico, a pocos kilómetros de Tordesillas, Valladolid, no suelen haber demasiados zombies por la zona, aunque a veces aparece alguno, pero hay que asaltar las otras viviendas y es peligroso, muchos siguen dentro de sus casas y las incursiones pueden terminar mal, los más cercanos ya están limpios, tampoco tenían demasiado, quizás lo mejor es acercarse al hotel o al restaurante, pero son focos de infección bastante grandes para mi sola aunque vaya armada, muchos siguen pululando por dentro y de vez en cuando salen, se les oyen durante días con esos lamentos que se meten dentro de la cabeza, supongo que ven algún animal y se excitan porque humanos vivos no veo desde hace muchos meses, la parte buena es que son lentos y al contrario de las películas es difícil que te persigan, no suelen moverse mucho y en cuanto te pierden de vista pierden todo interés y se quedan donde estaban con ese lento caminar, pero la mala es que si te pillan en un grupo amplio que entonces tienes un problema muy jodido, se convierten en marabunta y ya no cesan, creo que unos siguen a otros y no se dan cuenta de su alrededor, no se cansan ni necesitan parar, simplemente continúan y continúan hasta atrapar la presa, fue lo que paso los primeros días cuando se desató el caos, yo, al igual que la mayoría de la gente no sabíamos como de grave era el problema e intente salir por la autovía hacia Madrid pensando como tantos otros, que la capital estaría mucho mejor equipada y al igual que todos los demás me di cuenta del tremendo error cuando quedamos atrapados sin podernos mover a escasamente 4 kilómetros de Valladolid durante horas y horas hasta que de repente se empezaron a escuchar gritos y carreras a nuestras espaldas, fue una autentica matanza, la mayoría no salio de allí, otros intentamos huir corriendo en cualquier dirección sin pensarlo, yo tuve suerte, encontré una brecha en la valla de la autovía por donde me pude meter y me pude esconder en una zona un poco elevada, me senté detrás de unas rocas para que no se me viera, llorando sin parar, mirando de vez en cuando la autovía y el horror que allí sucedía, una y otra vez era la misma imagen, gente corriendo, intentando huir, gritos y más gritos, con los infectados mordiendo y desgarrando a todo aquel que pillaban, daba igual quien fuera, jóvenes, ancianos o niños, todos caían en sus fauces y horas después volvían a levantarse y se unían a los demás muertos para continuar la matanza.

La mayoría intento huir hacia delante por la autovía siendo perseguidos, pero había familias enteras que se negaban a abandonar a sus hijos o a otros miembros y que caían sin piedad, otros se escondían dentro de los coches pero tarde o temprano eran localizados y los gritos eran espeluznantes, algunos se intentaron enfrentar a ellos, incluso se empezaron a escuchar disparos, todo fue inútil, la bacanal de sangre duró horas, yo no se cuanto tiempo estuve allí sentada, sin poder moverme, llorando en silencio, no se si fueron horas o días, recuerdo el frio de la noche pero estaba bloqueada, perdí la noción de tiempo, sin beber más que una pequeña botella que llevaba en la mochila, sin comer y haciendo mis necesidades encima, ni siquiera lo recuerdo, solo recuerdo los gritos que aún me persiguen durante mis pesadillas, recuerdo que estaba amaneciendo, cuando de repente me di cuenta de que todo estaba en silencio, no se oía más que alguna radio en algún coche abandonado pero habían desaparecido los gritos, me asomé despacio y el espectáculo era dantesco, la mayoría de los zombies se habían ido y los que quedaban deambulaban lentamente sin rumbo fijo, todo era un rio de sangre, vehículos destrozados y cuerpos desmembrados por toda la autovía, después de mirar durante horas, vomitando, llorando y temblando me atreví a salir despacio de las rocas y empecé a andar campo a través alejándome de ese matadero.