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Jun

Prólogo I

Hace medio millón de años en lo que actualmente es Siberia.

Miles de años antes de que el Homo Sapiens pisara el planeta por primera vez, una especie, el no hace mucho descubierto Homínido de Denísova, libraba una batalla silenciosa sin saberlo por su supervivencia, batalla cuyas consecuencias llegarían incluso a nuestros días.

En una época cuya naturaleza parecía estar jugando a las creaciones, se creó un virus extremadamente contagioso, aunque lento en desarrollarse, que una vez activo y entre terribles dolores que duraban horas conseguía enloquecer al anfitrión para que con una inusual violencia atacara a los que estaban más próximos y a través de mordiscos y arañazos entrar dentro de los nuevos individuos realizando el mismo proceso en la nueva victima. Una vez llegado a este nivel, el cuerpo contaminado aguantaba escasamente unas horas antes de caer muerto.

En el último estadio de desarrollo, cuando el virus entraba a través de un mordisco, arañazo o cualquier intercambio de fluidos, la infección era extremadamente rápida, tan solo cinco días desde que se infectaba hasta morir, por contra, en un contagio normal el proceso duraba meses para un desarrollo completo, eso permitió que los anticuerpos de tan antiguos ancestros fueran desarrollando una inmunidad a ese virus.

Insertando la información necesaria dentro del ADN se consiguió neutralizar los efectos del virus que aunque no lo eliminaba por lo menos consiguió que no fuese dañino.

Debido a que en esa época, la población era muy escasa y distante entre ella,unido a que la la esperanza de vida no era muy larga, el virus fue perdiendo presencia poco a poco hasta desaparecer finalmente, pero aún así quedó en las generaciones siguientes la información insertada en lo más profundo de los genes, información que fue transmitida al homo sapiens 200.000 años después y que nunca abandonamos desde entonces.

Ya en nuestra era, una victima que sucumbió al virus durante esa época y cuyo cuerpo quedo congelado en el área mas septentrional de Siberia fue descubierto durante las prospecciones de un gaseoducto, sabiendo el papeleo y los retrasos en la obra que conllevaría informar del descubrimientos, los responsables simplemente ocultaron los restos, callaron y siguieron trabajando, pero el virus ya había salido infectando a los trabajadores más próximos.

Nadie se dio cuenta, nadie sintió síntomas, a nadie le importo, pero el virus volvía de nuevo a circular entre otra especie completamente diferente a la que masacró pero que guarda considerables parecidos para poder desarrollarse dentro de ella.

Aviones, trenes, barcos, autobuses, coches… los medios de transporte actualmente son muy efectivos y muy rápidos, podemos cruzar de una punta del planeta en la otra en unas horas, más de 7.000 millones de seres humanos pueblan el planeta, grandes ciudades abarrotadas y en constante movimiento. Nos gusta ser sociables, darnos la manos, besarnos, acariciarnos, hacer el amor y también odiarnos, pelearnos, guerras, conflictos, miles de maneras que un virus desconocido que se transmite a través de fluidos pueda expandirse rápidamente, más si cabe, porque al estar neutralizado por nuestras defensas no había síntomas, no fue detectado, era un virus inocuo pero que seguía expandiéndose infectando a más y más seres humanos, hasta llegar el día que el virus empezó a mutar.