27
Jun

Prólogo II

Valladolid 2016

Javier, 50 años, alcohólico, violento, maltratador, con mujer y 4 hijos y al que tras 30 años de fumar dos paquetes diarios se le ha desarrollado un cáncer de pulmón que le va comiendo por dentro, el diagnóstico más optimista es de seis meses de vida, no es que se perdiera demasiado con su muerte y pocos iban a llorar su muerte, pero aún así se usan todos los medios disponibles en la medicina pública para retrasar el esperado final.

Un domingo cualquiera, al final de la tarde, después de varias copas mientras veía un partido de futbol del que no se acordaría al día siguiente, comienza una estúpida discusión con otro cliente borracho del equipo contrario, como en muchos otros casos protagonizados por Javier, lo que empezó que si era fuera de juego o no lo era, termino como él quería, enzarzado a gritos y empujones. Realmente, el futbol no es que le importase demasiado, pero encontraba en ello una válvula a su alcohólica violencia y a dejar de pensar en su mísera vida, en este caso, el cliente no se acobardo, de los gritos y empujones pasaron a repartir puñetazos, iniciando una pelea que se saldó aparte de con una denuncia, con varios cortes en la cara, sin saber que el contrincante, un transmisor silencioso del virus, acababa de contagiarlo.

Días después, tras un rutinario tratamiento de quimioterapia empezó a sentirse muy débil, fiebre alta, tos y un dolor intenso en el costado, el primer diagnóstico fue una neumonía con hospitalización inmediata, nadie pensó ni por un momento que ese día iba a ser el principio del fin de la humanidad.

Con un sistema inmunológico hecho una mierda gracias a la quimio y diferentes fármacos administrados, el virus encontró el paciente perfecto para cambiar, ensayando con un cuerpo debilitado, fue encontrando los puntos débiles de esta nueva especie, adaptándose, expandiéndose por dentro poco a poco, buscando los recovecos necesarios para poder llegar al cerebro sin ser detectado por los anticuerpos, que bastante jodidos estaban ya de por si, como para preocuparse por ese extraño ser que campaba por el cuerpo.

Nuestro cerebro, más complicado que aquel que conoció hace tantos miles de años, no se dejaba dominar tan fácilmente, con lo que el virus encontró una solución,provocando un coma profundo consiguió hacerse con un mínimo de control, pero seguía teniendo el problema de que esta especie era más fuerte cerebralmente, hasta que descubrió que matando al huésped, conseguía desactivar totalmente todo tipo de defensas, como primera medida empezó a deshacerse de todo lo innecesario, sobre todo los receptores del dolor y el funcionamiento de varios órganos que consideró innecesarios, de algún modo, lo que es vital para el ser humano, de repente era un estorbo, dejaron de funcionar los riñones, pulmones, hasta el corazón, clínicamente se le podía declarar muerto, no necesitaba comer, beber, dormir, pero el cuerpo seguía moviéndose, incansable y aunque alimentarse no fuese necesario, tenia hambre mucha hambre y su comida eran otros seres humanos.